Sunday, October 08, 2006

Reanudado Testamento

I

Pasos. Un relampagueo en la estancia atestigua el declive de los pájaros.
Una gotera prolonga su locura en el temblor de cada objeto en los estantes; la luz me delata en la vigilia: mi casa, antes tálamo de amor de un dios rampante, es hoy un reino sitiado por el luto, crepuscular tigre prisionero de sus rayas.

II

Mi madre sueña -náufrega en la vastedad de la cama- que mi padre vuelve ennegrecido de ojo iracundo de la muerte, y es entonces cuando todo se vuelve ceremonia, milenaria coreografía en el albur de la nostalgia.

III

Mi padre nos legó una noche la lluvia y la caída de las hojas: un otoño de relámpagos.
Una casa erigida a golpes en los muros, es reanudado testamento en los misterios de la sangre.

Francisco Alcaraz
de La musa enferma

La casa

Qué muro has de llevarte,
qué ladrillo,
si todo se fraguó
con el calor del cuerpo
que nos dimos.
Te pertenecen cuadros,
muebles,
o a mí me pertenecen.
Y qué es la pertenencia
sino el tiempo añejado,
el silencioso paso de los días
en las habitaciones.
La casa ha madurado
como una noble fruta,
desgajarla sería
un acto de violencia.
Llévate el techo aquél
que protegió los sueños
como una mano tibia.
Empaca una ventana,
¿no ves que tiene entre sus luces
tu mirada?
Me quedo con la puerta,
por ella entreveré
de pronto tu silueta
y pensaré que es casa todavía,
que es todavía mi casa.

Los cajones se ríen de nuestros pleitos.
Ellos saben guardar
la suave intimidad
que hizo crecer las plantas del jardín,
humedeció las vigas,
oxidó los alambres escondidos,
abrió paso al salitre en los mosaicos.
Los adornos se asustan,
temen la quebratura,
el cambio de lugar.
No podría con las flores los floreros
si quitas esa mesa,
si la cortina se abre a otro paisaje.
Mejor dejarla sola,
plena de las palabras
que un día le dieron vida.

Mejor irnos los dos
cada uno por su lado.
Que la casa resista
como un barco encallado
después de la tormenta.
Que muera lentamente
como una vieja digna
arraigada a su polvo,
a sus recuerdos.

Camen Villoro

de Marcador final

Friday, October 06, 2006

Fragmento de "El señor Mozart y un tren de brevedades"

Le reventaban el hígado los poetas y escritores que se enfrentaban, como con un batallón del enemigo, "a la página en blanco", o hablaban "de la experiencia personal y única frente al texto", o de cosas que suenan a transtextualidad o intertextualidad, diacrónico o referente, o escribían poesía o literatura desde el ambiente ahogado de cafés, de aulas universitarias, de salas de redacción de revistas y periódicos, de bares ínfimos, como si tuvieran miedo de que les entrara el aire y supieran por fin lo que son las calles y plazas, mercados y estaciones de trenes, ríos y montañas, bosques y selvas.

Marco Antonio Campos

Friday, September 01, 2006

De la novela El Desorden de tu nombre

Julio encendió el motor y empezó a conducir. La fiebre pareció aumentar de golpe, concentrando sus efectos en los hombros y en los músculos del cuello, lo que facilitó sin duda el tránsito de la emoción, que nacía en el pecho, hacia la periferia de los ojos.

--¿Quiéres que vayamos a otros sitio?-- preguntó.
--No, no-- dijo ella---, tu casa está bien.

Ambos callaron mientras el automóvil se deslizaba con una naturalidad sorprendente por entre el enloquecido tráfico de la media tarde. Los conductores regresaban al hogar tras habersae ganado la vida honradamente, pero sus rostros --más que cansancio-- reflejaban hastío y desinterés, y parecían ajenos a la primavera que acababa de estallar.

Juan José Millás
Las manías, las obsesiones de un escritor, aún las circunstancias, nunca son gratuitas, sino que de algún modo remiten a su mundo interior.

Juan García Ponce

de la novela La Impudicia

Las frases y las risas de ambas mujeres pasaban por encima de Maud como por el cielo pasan pájaros que no se divisan pero que forman parte del paisaje.

Marguerite Duras

Wednesday, August 30, 2006

Tantadel (primeras tres páginas)

Cómo iniciar la narración. Me prometí objetividad, más que eso: me exigí veracidad, contar las cosas tal como sucedieron, ser honesto, sobre todo hablar de los sentimientos y pasiones que movieron cada acto de mi relación con Tantadel, los pensamientos que nunca se convirtieron en palabras o en hechos, que permanecieron agazapados entre actitudes falsas o detenidos antes de llegar a la superficie por causa de la cobardía de seres lamentablemente conformados. ¿Podré hacerlo? Hay cosas que parecen irreales, producto de la imaginacón, de una imaginación fatigada de trabajar en busca de un mundo habitable. Lo que me detiene quizá ser el hilo de los sucesos, los recuerdos no fluyen en línea recta ni con la exactitud necesaria. Tampoco puedo precisar cuándo nació la idea o la inquietud de escribir esta historia: de dónde el deseo de ponerla en cuartillas, revisarla y, secretamente, aspirar a los lectores, uno, dos, cinco, diez, sólo Tantadel, los que sean: nadie escribe para sí mismo. En fin.

Conocí a Tantadel en la escuela: efectivamente: ahora la veo: está en el jardín, junto a la biblioteca, borrosa, distingo su sonrisa; a su alrededor no hay nadie: es extraño, debería haber clases y maestros y alumnos: yo mismo no aparezco por ningún sitio; ella habla y gesticula; no escucho sus palabras, ignoro qué dice, a quién se dirige, cuáles son los tipos que la oyen y la miran. Su sonrisa es brillante aunque no basta para disipar las brumas, esa neblina molesta que la rodea o protege y le concede su aspecto fantasmal. Después, la figura se desvanece y no vuelvo a verla, no vuelvo a saber de Tantadel. Ya no ocupa otro espacio en mi vida ni en los recuerdos que conforman mi pasado, mi memoria. Luego, cinco años más por azar y por Ignacio (quien me fue presentado en una reunion de ex alumnos de Ciencias Políticas), la reencuentro; él pronuncia de nuevo el nombre mágico: Tantadel.

(Tantadel, ¿mujer o título de unas hojas?, ¿ambas cosas? ¿La habré imaginado o en efecto existió y juntos dimos origen a una pesadilla dantesca llevando el infierno a cuestas? ¿O escribí sobe un ser ficticio que ahora ha cobrado vida, como la estatua de Pigmalión? Si fuera esto último, ¿deberemos unirnos para convertir en realidad la fantasia y cumplir cabalmente con lo escrito: ocupar un tiempo lleno de absurdos, caótico, y luego reproducirlo en cuartillas? ¿Qué fue primero: Tantadel o estas páginas? ¿Cómo podría saberlo? De no aclarar la interrogante tal vez concluya dudando de mi propia existencia.)

Ignacio, casi al llegar a mi casa: ¿Recuerdas a Tantadel?
Francamente no, pero el nombre me es familiar, no es común.
Ella se acuerda de ti.
Hice un esfuerzo, nada.
Participaba en actos políticos y culturales y andaba con los puros snobs de humanidades.
Tampoco.
Bueno, prosiguió Ignacio, la veremos mañana: hay una fiesta y Tantandel irá.
Lo que presupone que nosotros también iremos , ¿no?
Sí, habrá trago y muy buenas niñas de la Universidad.
Eso me convenció. El exhibicionismo de nuestros recién enriquecidos había llegado al colmo de sacar a sus hijas de las escuelas confesionales para meterlas en la Facultad de Filosofía y Letras o en Ciencias Políticas. Es más elegante, dije casi indignado, y al concluir sus pésimos estudios pueden emplearlas en altos cargos gubernamentales.

René Avilés Fabila

Saturday, August 12, 2006

[Hay magia en todo...]

Para el hedonista sin remerio y para Efraín Huerta.
(Este poema debe decirse levantando un dedo admonitorio)

Hay magia en todo,
aun en las llamadas más triviales,
en la espera confusa en esas catedrales
que son los aeropuertos
o en esos aeropuertos que son las catedrales.
No existe el tedio.
Saltamos la cuerda prodigiosa
de los deslumbramientos,
comemos nuestro pan
y nos sentamos a sentir la noche.
Vemos un rostro, un verso,
tomamos el camión
y nos reímos al recordar
una canción dormida
en un pliegue del alma.
Todo, hasta lo útil, se condensa
en la lenta substancia de ese sueño.
Lo demás es terreno que ocupan los ejércitos
de lo desconocido y poco nos importa.
El hombre está en la tierra,
"lo demás es silencio".

Hugo Gutiérrez Vega
del libro Meridiano 8-0

De Más que humano

No parece así al principio, porque el paciente se presenta con toda clase de fantasías, caprichos y extrañas experiencias. Pero todos vivimos en un mundo semejante.

Theodore Sturgeon
del libro Más que humano

Del amor y otros demonios

Hablaban hasta el amanecer, sin ilusiones ni despecho, como un viejo matrimonio condenado a la rutina. Creían ser felices, y tal vez lo eran, hasta que uno de los dos decía una palabra de más, o daba un paso de menos, y la noche se pudría en un pleito de vándalos que desmoralizaba a los mastines.

Gabriel García Márquez
del libro Del amor y otros demonios

Friday, July 21, 2006

Fragmento de Tantadel

Era como todo mundo: habla de literatura -¡pobre literatura!- por haber leído dos o tres libros deplorables, best-sellers; por conocer algunos apellidos de escritores y entonces siente derecho para comentar cualquier obra, cualquier autor, mientras que ningún profano se atrevería a explicar cuál es el método más correcto para alimentar a una computadora. Qué desprecio por la literatura.

René Avilés Fabila

Sunday, June 25, 2006

de la novela La Ley del Retorno

Cuando los años fortalecen un vínculo, algo nos indica que hay que persistir, continuar ahí, como si tantos años por venir y esa rutina que los acompaña fuera un premio a la perseverancia.

Vanesa Garnica

Wednesday, June 07, 2006

Las palabras y las cosas

Que acomode el silencio
las palabras y las cosas.

Demasiada oscuridad existe
sobre los discursos,
demasiada cárcel sin remedio.

La noche alza el vuelo
el corazón se duerme
como un reloj en el otoño.

Que acomode el silencio
toda esta geografía.

Es mejor
hacer con los paisajes
una hoguera.

El corazón bosteza.
La luna crece.
Los recuerdos brotan de la tierra.

Es mejor este silencio
afilado y dulce.

Son de humo los espejos.
Son de lágrima en el aire.

Porque no es el silencio
lo que lacera almundo
sino el inútil avispero
de los días inútiles.

El corazón en pausas
esconder su color
tras un relámpago que duerme.

Y el mundo avanza
en indetenible ruina.

Hasta que el silencio
derrame su semilla
sobre las palabras
y las cosas.

Ernesto Hernández Doblas
tomado del segundo número de
la revista PalabraPoesía

De Fuego azul

El amor mata.
Las verdes matas matan.
Mátenme, muero.

Carlos López

Wednesday, April 12, 2006

Del libro Jugo de Naranja de

De pronto, en medio de la prisa urbana, surgido de otra dimensión, aparece el tren cargado de estrépidos metálicos. Ruge, animal herido, dispuesto a llevarse a aquel que se atraviese en su destino trágico. Salió de otro siglo y va -lo indica su lamento- a un cementerio donde pueda, por fin, desbaratar su esqueleto herrumbroso. En tu vida es un espectro, una pesadilla diurna que pasa y se pierde en el horizonte.

Carmen Villoro

Del libro "El Oficio de Esperar" (de Andario)

V
Para que nazca
un nuevo poeta

necesito abrir el diario

leerlo
como si no deseara
saber del nacimiento
de nuevos poetas

ir por las librerías
preguntando por los precios
de las novedades

y al paso por algún jardín
detenerme a leer
las hojas de los árboles

XVII
Doblaré
una
hoja
de
papel

construiré
un
barco

llegaré
a
los
muelles
de
tu
cuerpo

A. J. Aragón

Saturday, March 04, 2006

Mea culpa por hablarle a ella

y si me dices que el poema es el acto de desnucar cierto equilibrio que es hemoglobina pronunciada en el espejo del día luego callas y eres (según tú) un tendón de los silencioas citadinos después regresas a enredar mis oídos por ejemplo que mi cuerpo transfigura la zoología de un pecado o que mi voz la carne de cierto maleficio y que el aroma de nosotras las mujeres es válvula de los antiguos deseos entonces yo te digo que le pares deja de decir tantas mamadas ¿acaso no conoces los ramos de rosas? existen formas decentes de conquistar a una mujer


Daniel Bencomo
del libro Apuntes en el baño

Sunday, December 25, 2005

Poema de Cesare Pavese

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos-
esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, com un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una palabra vana,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves casa mañana
cuando te inclinas sola ante el espejo.
¡Oh querida esperanza,
también nosotros aquel día
sabremos que eres la vida y la nada!

La muerte tiene una mirada para todos.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como ver que emerge de nuevo
un rostro muerto en el espejo,
como escuchar un labio cerrado.
Descenderemos al remolino, mudos.

Cesare Pavese

Hay días

Hay días
a los que
les ponemos
preservativo
para no embarazarnos
de tristeza
y corramos
el riesgo
de parir
un verso

José Antonio Alvarado

Poema de José Antonio Alvarado

El poema
se me vuelve serpiente
y en un alarde de violencia
se prende la cola
Huye entre musgo
y habiendo probado su veneno
azota la cabeza en las rocas
y restriega el cascabel
en el rostro del silencio
mientras traza su círculo de muerte

Pasa la vida
en el último momento
frente a los ojos del poema
y no falta algo
Ay Quisiera quedarse
repetirse la ceniza primera

José Antonio Alvarado
Del libro "Algo ha quedado roto desde entonces"